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28 de agosto de 2014

Huellas


¿Por qué fotografías escenarios repetidos?

No fotografío el escenario, fotografío el tiempo


Ya, ya... en una fotografía es verano y en la otra invierno...

No me refiero a ese tiempo, sino al Tiempo: cómo nos transforma, nos destruye, nos crea... 




Su paso deja sin sentido ayer, da sentido a hoy, presiente mañana. No fotografío un árbol, o una escultura, o un niño, fotografío su Tiempo, la huella hoy imperceptible que mañana será una ineludible evidencia.



1 de octubre de 2011

Blogueguería 12: Febril

Ha sido una noche febril: primero sudor, luego escalofríos, después una constante alternancia a medida que iban pasando las horas... El comienzo de un proceso vírico que elige el fin de semana para evitar dos malas mañanas de trabajo.

El sueño de la fiebre produce monstruos. Imágenes que parecen provenir de una historia que aún esté por contarse, en blanco y negro... Creo haber leído que los sueños no tienen color. Así son los míos, como aquellas viejas fotografías en grises, que más que una foto parecía una pintura a carboncillo. Desdibujados, una fuga.
He soñado que Europa se iba a tomar por culo. La decadente Europa. La vieja Europa con bastón sin mando. El bloque europeo que puso sus energías en un mercado y una moneda única. La zona euro... me recorre un escalofrío por el cuerpo (éste nada tiene que ver con el febril, más bien con el miedo) al comprobar que si se me traba un poco la lengua me sale la zona Cero. La hegemónica Europa, con el imperio español, el imperio inglés y el emperador Napoleón a quien, después de la fatigosa estrategia bélica, le gustaba hacer el amor con una ardiente Josefina que oliese a hembra.

En mi sueño, la Torre Eiffel era un amasijo de hierro doblegado. Roma volvía a arder ante la mirada impávida de un Berlusconi desatado en dementes carcajadas. Madrid había sido invadida por legiones de ratas, los transeúntes sorteaban con sus prisas y sus pies descalzos a lo roedores. Les saltaban a la cara y les comían los ojos. La gente gritaba histérica mientras las ratas parecían haber creado un entramado sobre el suelo con un imparable fluir. El Partenón de Atenas se había venido abajo, sus columnas inexplicablemente se habían pulverizado... Los informativos echaban humo, las redes sociales también... La tercera guerra mundial había llegado y nadie había disparado ni un solo misil, ni un solo movimiento bélico. Era el caos.

No lo voy a negar, la crisis, a falta de desgracias personales, me quita el sueño, no mucho, porque soy de buen dormir salvo cuando el calor aprieta o la fiebre despunta, pero sí lo suficiente para quedarme dormida con cierto desasosiego, porque, a la postre, la crisis nos afecta en mayor o menor medida a todos, y termina siendo de alguna manera una desgracia personal. Que se lo digan a los usuarios catalanes en lista de espera para extirpar el cáncer que les come las entrañas literalmente.

A pesar de ésta, seguimos haciendo el amor. A pesar del miedo y de la incertidumbre que nos invade, hacemos el amor para mitigar la soledad del guerrero en mitad de la batalla. Seguimos levantándonos cada mañana, como si nada, y yendo al trabajo, quien lo tenga, como si nada. Seguimos guardando cola en el supermercado o en el cine, como si nada. Seguimos tomando las cervezas de los viernes, como si nada. Se suceden los meses, las estaciones... el tiempo, que al final son años, y aquí estamos, como si nada. En definitiva, seguimos viviendo, como si nada.

Tal vez, entre sueños en blanco y negro y picos febriles de un termómetro digital, se nos revela que ha llegado el momento de un cambio radical, que no podemos seguir siendo como éramos porque el mundo ya no es el que era, que ha llegado el día en el que ya no podemos seguir como si nada.