12 de septiembre de 2013

Blogueguería 203: Hermosa Penélope

Qué hermosa, Penélope,
cuando bajas la escalera
y resuena en la vacía distancia el eco de tus pies.

Qué hermosa cuando desatas tu ira,
cuando el temblor de tu barbilla te traiciona
y tu voz se quiebra entre reproches.

Qué hermosa cuando te aplacas
y te odias por airarte.
Qué hermosa cuando suspiras y no sabes por qué.

Qué hermosa cuando te retuerces y amas
como una joven aprendiz de amores,
qué hermosa, después, lamiendo los jirones de tu marchita piel.

Qué hermosa cuando te ovillas
como un animal cansado,
y qué hermosura cuando te yergues como tallo verde en busca del sol.

Qué hermosa cuando enciendes un cigarrillo y toses,
qué hermosa cuando ríes ebria a carcajadas.
Qué hermosa cuando te enfadas porque hoy no surge la palabra.

Qué hermosa en tu despacho de ocho a tres,
qué hermosa en la cocina,
qué hermosa frente a un libro y una taza de té.

Qué hermosa cuando lloras por nada,
tan hermosa como cuando lloras por algo,
tan hermosa como cuando rehusas llorar.

Qué hermosa cuando permaneces sentada al borde de la cama,
como si tan queda postura
te eximiese de la obligación de vivir.

Qué hermosa a contraluz en tu ventana,
como un recuerdo desteñido,
como un octubre deshojado.

Qué hermosa eres, Penélope, dicen...
Qué hermosa, Penélope,
aún muriendo.



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