11 de enero de 2015

López-Villaseñor, el pintor visionario

Desde 2008, el 41% de los jóvenes que han terminado
su carrera han emigrado al extranjero
Éxodo III, el vagón. 1974
La sinrazón del ser humano. Torres Gemelas, 2011
La caída, 1971


Nuestros muros, 2015

El muro, 1971

"No pretendo contar la realidad de un momento concreto,
sino la verdad de la realidad". 
Manuel López-Villaseñor (Ciudad Real, 1924. Madrid, 1996)

La genialidad de López-Villaseñor no estuvo sólo en el arte de su pincel, sino en la trascendencia que daba a la realidad que pintaba. Así, el espacio, la luz y la figura adquieren la contundencia de la universalidad, y Villaseñor transgrede su contexto y va más allá, porque él no pinta la realidad de su época, el pinta la Realidad del ser humano. 
De la misma manera que la luz, el color, el cálido ambiente que se desprende de un cuadro de membrillos, la caricia sobre la materia que se desprende de unas simples rosas y que nos conducen a ese ambiente natural de donde parten, cuando López-Villaseñor dibuja al hombre, lo hace en su sentido más integral, desde la esperanza a la más completa desesperación, desde el gesto amable de la tranquila ancianidad a la fría luz de un cuerpo que yace en una morgue.


La camisa de fuerza, 1974

Es imposible no contemplar esta Realidad pintada y esta realidad fotografiada y no sobrecogerse. 
Villaseñor no creó escuela, o tal vez exista alguien influenciado por su técnica, pero no por la genialidad de su arte, por su espíritu único, porque la concepción del mundo interior que movía el pincel de Villaseñor ha sido inimitable. Sólo López-Villaseñor supo pintar como López-Villaseñor.

Detalle de aquellas Rosas de Torrelodones, 1995






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