15 de enero de 2015

Lo contrario de la felicidad

Pongamos los antónimos patas arriba. La infelicidad no es lo contrario de la felicidad, es otro estado, es la peor suerte que puede correr el ser humano: vivir en permanente estado de infelicidad (salvando a la muerte, aunque esta no me parece la peor de las suertes cuando se ha culminado el ciclo vital. La muerte es una liberación, la paz definitiva e inapelable). Pero decía, la infelicidad no es contrario de felicidad, de la misma manera que lo contrario de blanco no es negro. ¿Quién dice que lo que no es blanco tenga que ser negro, o viceversa? Puede ser rojo, azul, marrón... ¿El contrario de azul? Puede ser blanco, negro, verde, todo haz cromático que sea diferente al suyo. 

Gregorio Luri, filósofo (y parece que pedagogo), afirma, en su libro 'Mejor educados", esto que acabo de exponer en el párrafo de arriba, que lo contrario a la felicidad no es la infelicidad. También dice, hablando de nuestros niños, que no todas las infancias son felices, existen infancias terribles, lo cual es muy cierto. Y también afirma que la sensación de haber sido o no feliz se percibe al final de una vida. La mirada con perspectiva, que digo yo: Aléjate del objeto y serás capaz de percibirlo en todo su contexto, con todo lujo de detalles. Pega la nariz al objeto y sólo conseguirás bizquear y ver borroso. Pero no es necesario llegar al final de la vida para tener consciencia de la felicidad o infelicidad de nuestra infancia. La edad adulta ya te ofrece suficiente distancia como para saber si fuiste un niño o niña feliz. Fui una niña feliz, fui una adolescente feliz... ¿Puedo afirmar que soy una adulta feliz? Tal vez en mi vejez (de aquí a otros cuarenta años) me haya alejado lo suficiente de la realidad de hoy para poder afirmar con un sí sin peros. ¿Puedo decir que soy infeliz? No, categóricamente no puedo afirmar un sentimiento de infelicidad, porque en mi manera de ver el mundo no concibo esa derrota moral. 

La vida es lucha, desde el primer momento. Unos espermatozoides recorren como locos un túnel inacabable, esas trompas de Falopio, en busca del óvulo. Primera batalla con un único vencedor, salvo sorpresas. Después, ese rudimento de vida rueda de nuevo por el mismo túnel, desanda el camino para adentrarse en lo que será su lecho, su claustro... Y sigue esa lucha hormonal para hacer viable tal milagro. Y se nace, y uno no sabe por qué, pero alguien ya le está arreando en las nalgas, o en la espalda... Y la vida se abre paso llorando con rabia, con una rabia infinita, como ese aullido interminable que nos empuja, que decía el poeta, y ya no te permite volver atrás. Y somos niños extrovertidos, o tímidos, u osados, o miedosos... y cada día conlleva pequeñas luchas que, en esa inocente inconsciencia, la infancia resuelve de una manera u otra. Y luego crecemos, y somos esos hombres y mujeres con un umbral de tolerancia a unas cosas u otras, con distintas capacidades y aptitudes que nos enfrentan a la vida adulta... Y la sociedad nos está esperando ahí, dice Gregorio Luri, sin importarle mucho o nada lo feliz que eres o dejes de ser, sino la capacidad que tienes de saber hacer cosas, de ser útil para ella, para esta que hemos creado... Por eso, dice Luri, que no hay que educar para ser feliz, que luego viene el estrellarse contra el muro de la sociedad que no perdona al inútil, y eso sí te puede provocar una gran frustración e infelicidad. Y algo de razón lleva Gregorio Luri. Pero llegados a este punto, yo me acuerdo de Lennon y la famosa anécdota que se le atribuye: "Cuando fui a la escuela, me preguntaron que qué quería ser en la vida. Yo dije "feliz". Ellos dijeron que yo no había entendido la pregunta. Yo les respondí que ellos no entendían la vida". Y ciertamente, no hay que educar para ser feliz, porque la felicidad no es ningún fin, ni es susceptible de educación alguna, es un modo de sentir (de ser) la vida. Por tanto, les deseo que sean (vivan) ustedes felices, aunque aún, probablemente, no sepan que lo son.


3 comentarios:

  1. Me ha hecho pensar tu escrito, bastante para ser honesto. La felicidad no es ningún fin y esa simple verdad, debería hacernos ver la vida de otro modo. Muy bueno Carmen.

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  2. La felicidad llega sin buscarla, porque es una mirada más frente a la vida, si aprendemos a mirar desde ese prisma, todo es más grato, más liviano. Y de formas de mirar y ponerle un objetivo a la vida para captar las pequeñas cosas (que nos proporcionan tan gratos momentos) tú sabes mucho ;)
    Un abrazo

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  3. "Y la vida se abre paso llorando con rabia, con una rabia infinita, como ese aullido interminable que nos empuja, que decía el poeta, y ya no te permite volver atrás". Buena imagen y mejor reflexión.

    Saludos

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