30 de enero de 2012

Blogueguería 46: Retiro

Hace un tiempo, se me metió en la cabeza la idea de comprar una vivienda en mi pueblo. Lo mío no era esa tendencia burguesa de toda pareja acomodada: un pisito en la ciudad y una casita en plan rural para lo fines de semana, con piscina y un jardín. Lo mío, por entonces, se trató de una querencia que pesaba como algo ineludible, una necesidad, la tierra te empuja de raíz y cal que cantaba Gloria Estefan. Me veía envejeciendo entre las gentes y las calles que me habían conocido.

Tuve que rendirme a la evidencia de que todo se vendía a los constructores para crear urbanizaciones, ese tipo de viviendas que a mí no dejan de recordarme a esos barrios que aún sobreviven en Ciudad Real, vestigios de la época franquista, del estilo de la avenida Rey Santo, y que adquirir un terreno a un precio razonable se convirtió en una empresa imposible. Casi compro una de ellas sobre plano, pero la crisis se echó encima y el proyecto quedó en agua de borrajas, a dios gracias sin haber soltado un duro, o ahora engrosaría esa enorme lista de ciudadanos cuyos ahorros se los llevaron urbanizaciones fantasma. Agradecí más tarde que se diese tal coyuntura, porque con el tiempo esa idea dejó de obsesionarme. Las calles y mi gente ya no me reconocen.

Desde hace tiempo siento otra necesidad, la del retiro temporal. Todos deberíamos disfrutar de un retiro íntimo, mi conmigo, sin más compañía que una maleta de libros, una cámara de fotos, un ordenador y una libreta de apuntes (o cada cual estime lo que llevaría consigo en tal caso). Ah, también unos cuantos cds con  películas y  música favoritas. El lugar podría ser un ático en San Sebastián o un caserón en mitad de un bosque, pero fuere donde fuere,  quedase garantizada la soledad y el anonimato, en donde uno pueda perderse entre la gente o entre la maleza, en donde tomar un café humeante y una crema de orujo sin consultar el reloj para la cena, o salir a pasear entre la hojarasca toda la mañana mientras Come healing de Cohen se convierte en un sonido de la naturaleza. No se trataría de unas vacaciones, al menos tal y como concebimos unas vacaciones, sino de un descanso más allá de la mente y del cuerpo: descansar de lo ordinario, apartarse, poner tierra de por medio, aparcarlo todo a un lado por un espacio de tiempo; quince días, un mes...

Sí, siento que la vida sería más intensa, más llevadera, si nos tomásemos un tiempo para no hacer otra cosa que sentirnos a nosotros mismo.
Un espacio de tiempo que seguro que serviría para recargar pilas, recobrar la ilusión, serviría también para echar de menos la cotidianidad y sus rutinas y a los que siempre tenemos cerca y que terminan convirtiéndose en parte de ese peso que nos oprime. Tal vez así, la percepción de cuanto nos rodea adquiriese  un renovado y necesario sentido.

24 de enero de 2012

Blogueguería 45: Old Ideas


El País ofrece la posibilidad de escuchar íntegramente el nuevo disco de Cohen, Old Ideas. Esperaré a que aparezca en la red la traducción de todas las letras. Mientras, me dejo llevar por el susurro de su  voz rota y notas tristes de trompeta.

23 de enero de 2012

Blogueguería 44: Lucía al desnudo


¿A qué viene esta escandalera? ¿Afán de notoriedad?  ¿Morbo? ¿Ganarse la vida como modelo? ¿Un anuncio de tallas grandes? ¿Mostrar sus cicatrices como las  mostró Marilyn? (la de Marilyn en la parte superior derecha, en aquella última sesión al desnudo que Bert Stern  le haría en la recta final de su imparable declive hacia el suicidio). Por aquí y por allá leo, en tono jocoso (ay, Lucía Lucía, aún no estamos preparados para otros cánones, cualquier otra belleza requiere un trabajoso ejercicio de abstracción, aunque creo que eso a ti te la trae al pairo, y haces bien), si se trata de un intento de imitar a Scarlett Johansson, la actriz que ha puesto de moda el book-móvil del desnudo casero.

Somos narcisistas por naturaleza, nos gusta contemplarnos en los espejos, y las nuevas tecnologías nos permiten llevarnos con nosotros. Cada vez son más frecuentes las famosas del mundo de la moda, del deporte, del cine y la televisión que en su twitter o en su facebook muestran públicamente su natural desnudez (Serena Williams también es aficionada a estas prácticas ¿exhibicionistas?). Son imágenes sin retoques, sus protagonistas recién salidas de la ducha, sin más luz que la que  pueda colarse por una ventana o emane una bombilla de 20 W, sin más escenarios que su propio baño, o su cocina, y  sin más complementos que una toalla que se escurre o esa ropa interior que solemos usar habitualmente.

Es extraño, inusual, que estos exhibicionismos los protagonicen personajes de ese otro sector de la cultura que yo diferencio y defino como más ilustrada, menos disipada, y que se aleja  de la farándula y del espectáculo tal y como la masa los concebimos. Puestos a dejar que la imaginación vuele a escenarios disparatados, paso un rato divertido imaginando a Pérez- Reverte saliendo en  bolas de una espumosa bañera, colocándose un sombrero del siglo XVII y envainando una espada en un minimalista cinturón asido a su cuerpo desnudo, para presentarnos la última aventura de Alatriste en  'El puente de los asesinos '. Por cierto, ¿qué pensará (si es que se digna a pensar algo) el demoledor Arturo al contemplar semejante imagen de Etxebarría?

Posiblemente, la escandalera: polémica con Elvira Lindo y el premio Planeta, polémica con la amenaza de dejar de escribir por las descargas gratuitas de sus obras, polémica ahora con este desnudo, el atrevimiento de Lucía Etxebarría, del que ha dicho que es una protesta contra la piratería (original manera de protestar)... decía, semejante escandalera esté relacionada con la publicación de 'El contenido del silencio', una estrategia publicitaria, o tal vez esta polémica y procaz novelista ha fraguado un personaje en torno a sí misma que da más que hablar que sus propias novelas. Siempre los habrá que la fama de sus extravagancias supere con creces la fama de sus obras.

22 de enero de 2012

Blogueguería 43: Dependencia

He amanecido con la voz tomada, los virus son como los ejércitos que preparan sus ataques nocturnos aprovechando el sueño del enemigo, y este enemigo suele dormir como un lirón, aunque ayer ya percibía cierto destemple que suele evidenciar un desajuste o una distracción del sistema inmunológico. Lo peor de esto es que si hoy han tomado la voz, mañana, lunes y laboral, habrán invadido el cuerpo entero, irremediablemente. Los procesos víricos son así, su avance es imparable y no hay medicina que los combata, solo nuestro sistema inmunológico, sin más armas ni escudos que su propia resistencia y sus recursos biológicos. Mi sistema inmunológico suele responder bien, hasta ahora, pero nadie me libra de un par de días de batalla campal (suelo imaginarme esas luchas internas como en Érase una vez el cuerpo humano, gran serie didáctica y entretenida de dibujos animados), en los que la capacidad de rendimiento suele verse bastante afectada.

Pensaba esta mañana, en la cama, tragando saliva y notando esa punzada de dolor en la garganta y la cabeza ligeramente cargada, antes de haber pronunciado un buenos días agudo y hueco, masculino, en que si nadie dependiese de de mí  para comer ni organizar el día, nada me sacaría de la cama. El cuerpo me pedía dejarme llevar por la enfermedad, o la enfermedad me invitaba a quedarme entre las sábanas (siempre he pensado que nuestro mejor médico es nuestro propio cuerpo), y así lo hubiese hecho si solo dependiese de mí.

A eso vengo dándole vueltas desde hace tiempo, a la "dependencia" de uno mismo, es decir, a la independencia, a esa conquista de libertad y de autonomía, que, paradojas de la vida, se va mermando en la medida en que otros dependen (y nos hacen depender) de nosotros: pareja, hijos... Esa necesidad de libertad, de querer actuar solo dependiendo de uno mismo entra en conflicto con "la obligación de" tener que actuar bajo la presión y la responsabilidad de quienes comparten tu vida. Lo de hoy es prueba de ello: el conflicto entre dejarme llevar por el estado físico, con lo cual no me hubiese levantado hasta que no me hubiese apetecido, o levantarme a preparar desayunos y la comida del medio día mientras el resto se despereza en la cama y ni repara en mi enfermedad (esto es un reproche en toda regla, sí). Ese conflicto entre la apetencia y la responsabilidad de madre y ama de casa. ¿Ese sentimiento ¿egoista? o vital que es depender únicamente de uno mismo, esa ¿utópica? libertad? Ea, creo que no, que es la mejor de las libertades: ser dependiente de uno mismo, no rendir cuentas a nadie ni que nadie tenga que rendírtelas.

Empiezo a sentir cierta manía por esa imposición de roles que cada vez percibo más como una cadena, una presión que me impide ser y hacer a mi manera. Sin duda tiene mucho de culpa la educación, los estereotipos que se alejan de la conquista personal, de la libertad, para convertirse en una abnegación de vida, tanto en hombres como en mujeres, aunque nadie me discutirá que somos las más damnificadas, y que no deja de ser la negación de uno mismo, la renuncia a vivir como quieres para hacerlo bajo la responsabilidad del como debes. Querer o deber, esa es la cuestión.

20 de enero de 2012

Blogueguería 42: Tiempo muerto

En casa se veía  boxeo. A mi padre y a mi hermano les gustaba ese brutal espectáculo al que se le consideraba (no sé si se sigue considerando como tal) deporte. Aquella imagen de dos hombres dentro de un cuadrilátero arreándose mamporrazos hasta hacer brotar la sangre me resultaba bárbaro, me ponía en tensión, una excitación negativa. Me alteraban las exclamaciones de los hombres de la casa, jaleando y dando instrucciones de cómo y en qué momento Urtain tenía que soltar el brazo para dejar KO al contrincante. Creo recordar, vagamente, que en un margen del televisor iban descontándose los segundos del tiempo de cada asalto, como también creo recordar que el anuncio del siguiente asalto lo avisaba una pancarta que paseaba una señorita contoneando cadera mientras daba la vuelta al ruedo, aunque esto no sé si era así o se mezcla la realidad con la ficción de Toro salvaje. Cuando sonaba la campana  que devolvía a cada uno a su rincón en donde le esperaba una improvisada silla o un taburete que siempre se me antojó incómodo, demasiado pequeño y primitivo para cobijar a un hombre maltratado, yo respiraba aliviada y observaba con expectación, diría que con ansiedad, esos rápidos masajes de reanimación en los hombros, en el pecho, alguna cura de urgencia con algún potingue milagroso que cortase ipso facto la hemorragia de una ceja reventada, el enjuague de la boca tras extraer la prótesis que protegía sus dientes y volversela a introducir de nuevo, listo para seguir magullando(se) el cuerpo. Quiero recordar aquellas miradas perdidas y aquellos hombros caídos de los contrincantes durante esos minutos de tiempo muerto, de recuperación, de recargar energías y mitigar el dolor, y sus cabezas asintiendo a las instrucciones de su entrenador. ¡Machácalo!

Pensaba estos días, llevo pensando durante mucho tiempo, mucho más del que dura un asalto de boxeo, en la necesidad de un tiempo muerto. Hay etapas que duran demasiado. Esos asaltos a los que nos enfrenta la vida a veces son un juego de pies que hasta podría confundirse con un divertido, agradable y hasta saludable baile. Muhammad Alí era experto en un constante y agotador juego de pies. Son otras las veces en las que ni siquiera hay tiempo para sentarse en el incómodo taburete del rincón, y el riesgo de que los continuos asaltos terminen en KO técnico es cada vez más previsible.

Hoy he tocado yo misma la campana, mucho mejor eso que lanzar la toalla al ring, ando buscando un sillón en el que acomodar mi cuerpecillo vapuleado, mucho mejor que un taburete en un rincón, y por último, trataré de echar mano a algún bálsamo milagroso... Puede que baste un libro, puede que una canción, puede que me dé por rezar una oración mundana que espere respuesta divina, y también puede que todo eso no me sirva de nada. Aún así, seguiré levantándome a las seis y media de la mañana, seguiré yendo a trabajar, seguiré disfrutando de los amaneceres, y de las enormes lunas llenas que me siguen a ciento treinta por hora. Así a la espera del siguiente asalto, o del siguiente combate, porque últimamente también pienso que hay ciertos periodos  en la vida en que mejor dejarse ganar, o dejarlos pasar, sobre todo cuando sus ganchos de derecha a la boca del estómago nos van doblando hasta besar la lona.

Cassius Clay (Muhammad Alí)

17 de enero de 2012

Blogueguería 41: Otra historia

En un artículo fechado para La Dépêche, Chaves Nogales escribiría:

                    LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA LLEGA A SU FIN

                                            27 de mayo de 1937

El fin de la guerra ya ha comenzado. Esto no significa que las hostilidades vayan a parar de un momento a otro. Al contrario, estoy convencido de que en las próximas semanas se producirá un recrudecimiento de la lucha y las batallas serán más encarnizadas y feroces que nunca. Pero la guerra civil en España virtualmente ha acabado.
¿Cómo? ¿Por qué?
Por culpa de la derrota ya visible de los dos ejércitos combatientes.
                                                          ..............

No pondremos en duda que Chaves Nogales fue un destacado periodista. Podríamos afirmar que habría sido un hombre relevante en el panorama cultural, intelectual de la época. Como visionario no se hubiese comido un colín. Meses después, en octubre, seguía insistiendo en el fin de la guerra, pero la guerra, "las bárbaras y primitivas contiendas interiores de un país tan atrasado políticamente como Albania", que calificaría la prensa londinense en agosto del 36, llegó a su fin el 1 de abril de 1939, en un último parte de guerra en el que el dictador Francisco Franco proclamaba la victoria. No hubo pacto, hubo rendición, y como tal se trató a los vencidos,  y como vencedores ostentaron el poder quienes impusieron su supremacía militar. 

A partir de ahí, la historia de España empezó a escribirse de la manera que conocemos, y dejó de escribirse como debió haberse escrito; este país perdió la oportunidad de la democracia, de la alternancia política e ideológica en los gobiernos elegidos líbremente por el pueblo, retrocedió en derechos, en valores que impulsan a las sociedades, en cultura... un estrepitoso naufragio intelectual que diría el propio Chaves al referirse a sus colaboradores en el periódico: Unamuno, Baroja, Azorín... Los juicios de la historia señalan a unos con el dedo, a otros los absuelve, otros llevarán siempre el estigma de haber sido intelectuales, representantes del arte y de la cultura de la época de la dictadura.

¿Qué sería del panorama cultural en este país sin aquella criba de intelectuales, sin aquella obligación a posicionarse como Unamuno, o a inhibirse como Baroja, o a estar bajo sospecha como Azorín? ¿Cuántos eternos enfrentamientos propios de países como Albania nos hubiesemos ahorrado en la ya restablecida democracia si aquel absurdo dualismo se hubiese abortado y devuelto la supremacia al pueblo? Nunca lo sabremos, ignoro donde estaba ese espíritu, que hizo posible una transición ejemplar, allá por el 36, pero lo que sí me atrevo a asegurar es que lo que distingue a unas sociedades de otras son los planteamientos comunes, una sociedad que avanza en bloque hacia unos objetivos: conquista de derechos, cultura, bienestar... cuyos cerebros más destacados e intelectuales más relevantes contribuyen también a generar ese tipo de riqueza al margen de lo económico que nos convierte en sociedad avanzada, refinada, con perspectiva, sin más traumas ni  más luchas que la conquista de la libertad, y por qué no decirlo, de la felicidad.

Que nos convirtiesen en enemigos los unos de los otros es un lastre que hay que soltar... Llevamos ya medio siglo de retraso.

13 de enero de 2012

Blogueguería 40: Vidas en bloque

A veces no me despierta el sonido del despertador, lo hace la meada del vecino del tercero, a las 6.15 am. Tiene la hora cogida. Ni un minuto antes ni un minuto después, suena el chorrito como una cascada. Después se oye la ducha, que casi coincide con la mía. También oigo ese mismo chorrito a las doce de la noche, que debe de ser su hora de irse a dormir, porque previamente se suele oír el grifo del lavavo en donde lo imagino cepillándose los dientes frente a su espejo, como hago yo frente al mío, nos diferencia el ahorro de agua; él lo mantiene todo el rato abierto y yo abro y cierro para ir aclarando cepillo y espuma de dientes.

Hay adultos que tienen hora fija para irse a dormir, como los niños, haya terminado la película o no, estén interesantes las páginas de un libro o no. El reloj les marca la vida como marca las horas. A las 6.15 de la mañana, ni un minuto más ni un minuto menos. A las doce de la noche, ni un minuto más ni un minuto menos. Son vidas con temporizador, o con organigrama de residencia de ancianos, toca apagar la luz y dormir.


En nuestro primer apartamento, la pareja del A hacía el amor a diario, los domingos lo hacían por la mañana. En más de una ocasión me quedé con las ganas de tocar la pared y gritar: ¡A ver ese escándalo!, pero temía una réplica que fuese algo así como: ¡En mi casa hago lo que me da la gana, envidiosa!

Las comunidades de pisos son así, puedes decirte hola y adiós sin más por los pasillos, puedes haberte visto obligada a pedir sal en alguna ocasión. Puedes compartir el ascensor y hacer el socorrido comentario sobre las inclemencias del tiempo, o simplemente saludar y clavar la mirada en el suelo mientras transcurren los segundos dentro de tan pequeño habitáculo que no entiende de espacios vitales... Y subes con ella, con la de los jadeos nocturnos... A veces me asalta la idea de si el del A o C es también un espía accidental de mis detalles íntimos.

Nada sabemos de ese grueso de la vida que sí se conoce del vecino del pueblo: quienes son sus padres, sus hermanos, su trabajo, con quien se casó... Del vecino de bloque solo sabemos lo que se cuela por las paredes, que a veces es mucho, pequeños e íntimos detalles de vida:  la hora de despertar, la hora de dormir, el color de su pijama o de su ropa interior... Por los pasillos un hola, sin más, aunque nos inventemos vidas.

9 de enero de 2012

Blogueguería 39: Una canción inédita

Oscuridad


Cogí la oscuridad,
fue bebiendo de tu copa.

Tengo la oscuridad
de tu pequeña copa dorada.

Te pregunté ¿es contagioso?
Tú dijiste "Bébetela toda"

No tengo futuro.
Sé que me quedan pocos días.

El presente no es agradable.
Hay tantas cosas que hacer.

Creía que el pasado se quedaría conmigo,
pero también está la oscuridad.

Tendría que haberlo visto venir...
Estaba detrás de tus ojos.

Tú eras joven y era verano,
yo solo tenía que lanzarme.

Conquistarte fue fácil,
pero el precio fue la oscuridad.

No fumo cigarros.
No bebo alcohol.

Aún no he conocido el amor,
pero siempre ha sido lo que tú querías.

Y solo la oscuridad
tiene para mí sentido.

Antes me gustaba el arcoíris,
y me gustaba mirarlo.

Me gustaba el amanecer,
pretendiendo que era nuevo.

Pero cogí la oscuridad
Y es peor que la tuya.

.................

Se incluirá en el nuevo disco de Cohen, Old Ideas, que saldrá al mercado posiblemente el 31 de enero. Formará parte de la próxima antología de poemas y canciones 1956-2011, que se publicará con el título A mil besos de profundidad, verá la luz posiblemente en primavera.

7 de enero de 2012

Blogueguería 38: Vacaciones sin maletas

Se acabaron las navidades 2011. Omito signos de exclamación que sí coloco en mi fuero interno. Atrás van quedando los días de ajetreos y emociones para grandes y chicos con la misma naturalidad que retornan los días de diario, que también son año, el intranscendente grueso del año que termina imponiéndose para que el resto sea una excepción. Las fiestas son  la necesaria alternativa a la calma, o a la rutina, a lo cotidiano, como un viernes noche rompe la cadencia con la que van cayendo los días de la semana, y de nuevo el domingo va acomodando su luz y sus horas, su perezosa tarde que se deja ir a la espera de un nuevo lunes. Y así va pasando la vida.

Cada vez me siento más a gusto disfrutando de vacaciones caseras, de días de auténtico descanso, sin el estrés de maletas que hacer ni deshacer, horarios de aeropuertos o planos de ciudades en el bolso, solo el placer de saberme dueña de un tiempo intranscendente, de un día normal, de mañanas libres al sol de una ciudad de tranquilo bullicio volviendo a su rutina: toca retirar las decoraciones navideñas, devolver a las plazas sus espacios libres, recolocar escaparates que anuncian rebajas del 50% o 75%. Toca volver a la normalidad de la vida.

Tenía algo de triste retirar el belén y los espumillones del árbol cuando era niña, devolver a la cajita de cartón cuidadosamente las piezas que habían creado un escenario protagonista de días interminables con un clima especial, con una inusitada ilusión que no se sentía en otros festivos. Algarabía de niños, visitas de familiares, dulces... La Navidad era especial, tal vez  por tan intensas emociones que terminaban en ese sentimiento de tristeza, de recogida de bártulos, del final de la fiesta... Ninguna fiesta era comparable a la Navidad. La Navidad sigue siendo especial, siempre lo será, aunque intentemos escapar de ella, aunque queramos convertirla en otra cosa... Siempre será una extraña emoción entre la felicidad y el dolor.   

Ahora empiezan mis vacaciones. Toca pasear, leer, fotografiar, meditar, dejar la mente en blanco, volver a meditar... Toca un reencuentro personal. Toca encauzar el año, luego él se torcerá solo, o no, pero toca mirar con perspectiva, más allá de los pies cuando se anda, más allá del ombligo.
Se acabó, dejemos irse al 2011, ahora empezamos a ser de nuevo, todo un 2012 por delante...

4 de enero de 2012

Blogueguería 37: La luna

               Qué oscura la noche en la que solo los gatos maullan a la luna.